Fue sueño ayer; mañana será tierra!
¡Poco antes, nada; después humo!
F. de Quevedo
Alegoría es palabra que viene del griego allegorein, hablar figuradamente.
Es una figura
retórica que consiste en representar una idea abstracta a través de imágenes poéticas
La alegoría pretende dar una imagen de aquello que no tiene
imagen o que la tiene, pero de una
complejidad tal, que la alegoría la simplifica para que sea mejor entendida por
la mayoría. Conformar lo abstracto o lo conceptual responde a un criterio didáctico.
El esqueleto y la guadaña es alegoría de la muerte, la mujer
con venda en los ojos, espada y balanza
en sus manos, es alegoría de la justicia o la paz evocada por una paloma con
una ramita de laurel en su pico. Por estas particulares características la
alegoría fue hábilmente utilizada desde la más remota antigüedad.
Pero hay una diferencia sustantiva entre alegoría y símbolo.
La primera es una representación artificial de abstracciones
cognoscibles y expresables por otros modos, en tanto que el símbolo es la única
expresión del significado de aquello que simboliza. Es la representación de una
idea con rasgos y significados convenidos. Así la cruz, la estrella de David o
la media luna y la estrella son símbolos religiosos que refieren al
cristianismo, al judaísmo y al islam respectivamente, como la hoz y el martillo
al comunismo y la cruz esvástica al nazismo.
Alegorías y símbolos vienen en auxilio de conceptos intrincados,
tales como el saqueo sistemático de una sociedad; el envilecimiento, la
hipocresía y la ruindad de los que mandan; la corrupción que corroe la moral y
la economía de una sociedad; la ineptitud y la mediocridad de una secta
política que condena al oprobio a varias generaciones y a la estulticia cívica
que tolera estos males.
Ellos definen el
período histórico que vivimos; período embozado por la mentira del relato,
atravesado por el enriquecimiento ilícito de quienes se dicen progresistas, por el pisoteo de las instituciones de la
república y por la búsqueda desesperada de la impunidad para sus crímenes.
Probablemente todas estas iniquidades serán en el futuro
referidas por simples alegorías como: Una
década de mentiras para todas y para todos o pictográficamente representadas
por las caras inolvidables de Boudou, Lázaro Báez o Milani o en su defecto
por un enorme bolso lleno de euros.
En la alternativa de escoger un símbolo, será entonces la letra K la expresión de esa época
aborrecible.
Así, alegórica o simbólicamente, quedarán reflejados la
totalidad de quienes por acción u omisión contribuyeron al hundimiento de la
argentina y al sufrimiento de su pueblo.
Símbolos y alegorías útiles para la memoria de un fin de
ciclo en el que afloran, como una erupción pestilente, todas las lacras del
populismo, ese que borra con el codo aquello que su mano escribe, encarnado en estas
mafias políticas que han hecho del robo y la falsía un principio incólume.

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