martes, 6 de diciembre de 2011

Fin de fiesta


Hay tres clases de mentiras:
 La mentira, la maldita mentira y las estadísticas.
                                                 Mark Twain


Basado en una novela de Beatriz Guido, Leopoldo Torre Nilsson filmó en 1960 su célebre película, Fin de Fiesta. Su argumento central transcurre en los años 30, durante la denominada década infame: El nieto de un caudillo político conservador de la Provincia de Buenos Aires se meterá en los asuntos de su abuelo y descubrirá un mundo de corrupción.
Cualquier similitud del pasado y el presente es pura coincidencia.
Pero la mentira populista de prosperidad para todos, fundada en el saqueo de las arcas del estado, operado desde la maquinaria del poder político y las finanzas, en el así denominado capitalismo de amigos, en sintonía con la nefasta cultura del progreso sin trabajo, alentada por los subsidios indiscriminados, cuyo propósito inconfesable no ha sido otro que el de aumentar el clientelismo electoral, ha sido una  matriz de corrupción constante en los últimos años.
He allí la diferencia abismal entre un régimen populista y otro popular, ya que lo popular resulta de ayudar al pueblo de forma definitiva, enseñándole a pescar y no regalándole el pescado.
El argentino, pueblo por naturaleza propenso a imitar al avestruz, suele agachar la cabeza, máxime cuando alguna prebenda está en juego. Así hemos visto, quienes mucho hemos vivido, como sectores mayoritarios han votado y alabado a políticos abominables, a los que luego escarnecieron. El deterioro y el daño que ello ocasionó en el tejido social y económico son inefables. Así, la miseria, la desocupación, la inseguridad, la ilusión de prosperidad emanada del consumo banal, supletorio del ahorro, base de la verdadera prosperidad, emergen y nos señalan, mal que nos pese, que la fiesta ha concluido.
En psiquiatría se denomina esquizofrenia a un grupo de enfermedades mentales que se caracterizan por una disociación específica de las funciones psíquicas, un desdoblamiento de la personalidad y las alucinaciones.
Bien dicen que la política es una sórdida lucha de intereses, disfrazada de cristalina lucha de principios.
Se advierte en gran parte de la dirigencia y en multitud de ciudadanos, cierta actitud ambivalente. Los unos mienten y se enriquecen y los otros votan pensando en la satisfacción efímera del presente, sacrificando el futuro de todos. Y así de a poco, nos vamos quedando sin país y sin porvenir.
Semejante desatino se edulcora con el relato oficial, según el cual los que mandan se desvelan pensando en el bien común, en la patria y en los eufemismos con que adornan una realidad ominosa. Para subrayar ese fraude no faltan los oportunistas de siempre que sobreactúan la farsa desde pretendidos  revisionismos históricos con forma de instituto.
Las sociedades como el pescado se pudren por la cabeza. Por ello, hasta que no surja una clase dirigente patriótica, incorrupta y visionaria, los argentinos, como dicen los jóvenes: Estamos en el horno.

lunes, 7 de noviembre de 2011

LOS MITOS


Un mito (del griego μθος, mythos, «relato», «cuento») es una narración, que pasa de una generación a otra y que refiere acontecimientos prodigiosos, protagonizados por seres sobrenaturales o extraordinarios, tales como dioses, semidioses, héroes o monstruos.
La mitología es el tratado o estudio de los mitos.
Los mitos, según se sabe, no obedecen a un mero divertimento de su creador, por el contrario tiene propósitos diversos, que se pueden resumir en tres.

* Una función explicativa del origen o la razón de ser de aspectos esenciales de la vida terrenal y universal. Nos hablan del cómo y el porqué del mundo.
* Una función política, tendiente a reforzar ideas o creencias de determinados sectores sociales. El origen divino de los reyes, o el vicariato de los sacerdotes son ejemplos de ello.
* Una función pragmática, orientada a ofrecer un asidero frente a los vaivenes de la existencia humana. El destino, los oráculos, la furia de los dioses conforman su entramado.

El antropólogo Bronislaw Malinowski afirmaba que no hay aspecto importante de la vida que sea ajeno al mito.
La curiosidad es inherente a la condición humana. ¿Quienes somos? ¿De donde venimos? ¿Hacia donde vamos? Esos son algunos de los múltiples interrogantes que acosan al hombre y la respuesta mitológica, a falta de otra mejor, fue la primera en aparecer.
Obviamente eran relatos imaginarios sin demasiados fundamentos. Son, aunque suene rudo, una serie de mentiras que acababan siendo tomadas por verdades. He ahí la diferencia capital con el cuento o la fábula, que son mentiras reconocidas y aceptadas, aunque por la belleza de su entramado o moraleja  se las da por ciertas durante un instante, dado que entretienen.
El mar Mediterráneo fue en la Antigüedad  el espacio vital para el intercambio de bienes materiales e ideas, entre los pueblos que se asentaron en sus orillas: egipcios, fenicios, persas, griegos, romanos.
El Mar Mediterráneo fue un gran hervidero de mitos.
En él apareció una de las primeras grandes culturas europeas: la cultura cretense (2000 a. C. al 1425 a. C.). La civilización griega clásica hundió sus raíces en la civilización cretense, sin por ello sustraerse de otros influjos procedentes de diversos pueblos. La huella de estas influencias puede seguirse a través de un largo proceso de formación, que duró aproximadamente unos dos mil años, y que culminó con la aparición, hacia el 800 a. C., de la primera etapa histórica de la antigua Grecia: la Grecia Arcaica. Tras esa primera etapa, que llegó hasta el siglo VI a. C., se inició la etapa más floreciente de la cultura griega conocida como Periodo Clásico (del siglo V al III a. C.). El último periodo fue el Helenismo que comenzó en el siglo IV a. C. y finalizó en el siglo I a. C. con la conquista de Grecia por parte de los romanos.
Como corolario, es interesante establecer la diferencia entre ideas y creencias y que fuera tan bien explicada por el filósofo español José Ortega y Gasset.
Ortega distinguía dos tipos de convicciones o pensamientos: las ideas y las creencias. Llamaba ideas a los pensamientos que se nos ocurren acerca de la realidad, a las descripciones explícitas que podemos examinar y valorar; las cuales sentimos como obras nuestras, como el resultado de nuestro pensar.  En tanto que las creencias son convicciones externas, dadas por el entorno social y cultural y en las cuales creemos. Son convicciones, no siempre conscientes, con las que contamos y que nos permiten actuar y manejarnos en el mundo. Eso las emparenta con los mitos.

lunes, 3 de octubre de 2011

Un cuento mundano


OTUR

Yo no hablo de venganzas ni perdones,
el olvido es la única venganza y el único perdón.
J.L. Borges

En el occidente asturiano se alza Otur, un diminuto poblado costero, no lejos de la Villa de Luarca, atravesado por la carretera cantábrica. El caserío subsiste a duras penas con la agricultura o la ganadería rudimentaria. Si algún atractivo posee el sitio, se lo debe a la naturaleza, que lo bordeó con bonitas playas, pequeñas albuferas, dunas y marismas.
Hacia allí se dirigía el hombre del impermeable azul, quien por su acento se diría italiano. Abandonó el hotel en Biarritz, manejando un Peugeot 404, con el cual cruzó la frontera una mañana de Septiembre.
Como a veces sucede, en medio de la pobreza general, existen individuos o familias acomodadas, sea por la posesión de las mejores tierras y negocios, o bien por el poder político que detentan y así, naturalmente, conforman la ínfima  y respetada burguesía de la comarca.
Los García Martínez, cuya casona aún se alza a la vera de la ruta, pertenecieron desde tiempos inmemoriales al bando de los que mandaban en esa comarca. Durante la guerra civil, los hijos del viejo Felipe, jefe del clan, Juan y José Luís, abrigaron simpatías encontradas. El mayor, Juan, era un solterón admirador de Franco. Tan es así que fue oficial en las brigadas de Navarra, en tanto que Luís marchó a las trincheras a pelear por la República. Su mujer y sus dos hijas quedaron al cuidado del viejo.
El camino, que serpenteaba por las montañas y los bosques que amurallan el Principado, era el mismo que el italiano emprendiera dos meses antes, cuando planificó, hasta en los mínimos detalles, el trabajo que le encomendaron y que ahora concluiría.
Terminada la lucha, José Luís huyó a Francia y después, ya reunido con su familia, partió para la Argentina, radicándose en Buenos Aires. En el remoto país, al parecer hizo fortuna con la industria o el comercio textil y murió de peritonitis, en el año 1952.
La hija menor, Lucía, se hizo cargo de los negocios y los hizo prosperar con singular tenacidad, en tanto que, Pepa, la mayor, retraída y de pocas luces, cuidaba de la madre y de la casa. Esta historia, cuyos rasgos son comunes a tantas otras historias de inmigrantes, ocultaba un tilde secreto que la ennegrecía y que, cuando lo supe, dio pie a este relato.
El viajero hizo noche en Santander, y luego de cenar, recostado en la penumbra de su cuarto, repasó mentalmente cada uno de los pasos establecidos para cumplir con bien la tarea ya remunerada.
Cuando en octubre de 1937 el Consejo y el Estado Mayor republicano abandonaron Gijón, la resistencia se desmoronó, y de tal modo, al ser ocupada la región por las Brigadas Navarras, desapareció el Frente del Norte.
Juan, con el grado de Mayor, fue recibido en triunfo por su pueblo, máxime cuando se supo que comandaría el Consejo Provincial. También, como era de esperar, se ocupó de su familia, ya que el padre estaba con un pie en la tumba.
Dejó el Peugeot en un paraje solitario, más allá del puente del tren, no lejos de Sabugo. Trepó por el acantilado, arriba de la senda que descendía hacia la playa y esperó, esperó pacientemente, hasta que oyó el ruido de los pasos sobre la tierra gredosa.
Lucía recibió la confesión de su hermana y vislumbró con horror aquellos turbios sucesos que lastimosamente marcarían sus vidas. Los detalles escapan al cronista, pero lo cierto es que Juan García Martínez, Mayor del Ejercito Franquista, acaso con abuso, mantuvo relaciones íntimas con la mayor de sus sobrinas, por entonces de 16 años. Finalizada la contienda en 1939, quizá por la mala conciencia que aquel proceder le acarreaba, Juan ayudó a las tres mujeres a pasar la frontera, para reunirse con su hermano fugitivo. También les procuró dinero para la travesía del mar.
Hacia 1972, en Buenos Aires se vivían tiempos difíciles. Cuando Pepa enfermó, antes de morir le agradeció a su hermana haber compartido aquel ultraje secreto, que tanto apocara su vida. Fue enterrada junto a su padre y su madre, en el cementerio de la Chacarita.
Lucía vendió cuanto tenía y se mudó a una quinta, por el lado de Baradero. Allí pasaba sus días en monótona soledad, hasta que un amanecer cualquiera, desvelada, ansiosa, con el trinar de los zorzales retumbando en sus oídos, tomó la siniestra decisión de contratar un sicario.
El tipo del impermeable azul le apuntó al hombre casi viejo, de bigote gris y saco de cuero, quien recibió la bala en el medio del pecho y murió, sin darse cuenta de lo que sucedía. El otro bajó de su escondrijo, tomó al finado por las axilas y lo arrojó al mar, cuyas olas batían contra las rocas, veinte metros más abajo.
En ese instante terrible, del otro lado del océano, precisamente en Baradero, Lucía exprimía unas naranjas, bajo la parra, rodeada de unos perros que dormitaban al arrullo de la rueda del molino, que apenas giraba movida por la brisa. Una sensación de paz la invadía…



miércoles, 17 de agosto de 2011

VOX POPULI, VOX DEI


                                               

Las elecciones primarias, simultáneas y obligatorias se llevaron a cabo el domingo 14 de Agosto, y el pueblo argentino, puso en el voto las preferencias para los candidatos que competirán en Octubre en la elección de presidente y demás cargos, ejecutivos y legislativos, según las modalidades de cada provincia.
Todo hace presuponer que la Presidente CFK obtendrá las adhesiones de la mayoría, posiblemente en la primera vuelta y esa decisión del pueblo será sagrada e inapelable, sin ascos, sin rencores ni sensaciones similares, por parte de quienes son demócratas, solamente cuando les conviene.
La voz del pueblo es la voz de dios, rezaba el antiguo apotegma latino. Y es bueno que así se comprenda, aunque no faltarán los escrupulosos que ejercen la policía de las sentencias, para alegar que Alcuino de York (735-804), el teólogo y erudito anglosajón que participó en la reforma educacional de Carlomagno, escribió en sus Epistolae:

Nec audiendi qui solent dicere, Vox populi, vox Dei,
quum tumultuositas vulgi semper insaniae proxima sit.

Que en criollo significaría:

Y no debería escucharse a los que acostumbran a decir
 que la voz del pueblo es la voz de Dios,
pues el desenfreno del vulgo está siempre cercano a la locura.


Sea de ello lo que fuere, la democracia continúa siendo el mejor de los órdenes sociales posibles, y es deseable que las sucesivas generaciones de argentinos la prefieran, la cuiden y la perfeccionen.