domingo, 15 de mayo de 2011

La Medusa




En la mitología griega,  Medusa era una de las tres monstruosas gorgonas, que volvía de piedra a aquellos que la miraban. En lugar de cabellos tenía serpientes, como bien la pintó el Caravaggio.
En las sociedades modernas, una de las formas más obscenas de la demagogia es la falsedad histórica, Gorgona al fin, porque, metafóricamente, petrifica la memoria.
Entre las tantas falacias que se han forjado y que seguramente se forjarán en los 2920 días que sumarán los ocho años de gobierno Kirchnerista, resulta particularmente humillante para la inteligencia colectiva, la pretensión de presentar el advenimiento de Héctor Cámpora a la Presidencia de la nación como una bisagra política digna de encomio.
Nada más alejado de la verdad.
Cámpora asumió, en tanto que vicario de Perón, la primera magistratura de la república sin otras condiciones políticas que una ilimitada obsecuencia y su personalidad anodina. La incompetencia resultante se manifestó desde sus primeros actos de gobierno, cuando entornado por las facciones ultras, en particular el montonerismo y otros grupos subversivos, permitió las violentas revueltas de revanchismo estéril, alejadas del espíritu de concordia nacional que Perón pretendía. El desmadre en la Plaza de Mayo por parte de los violentos, el día de la asunción y un decreto presidencial firmado a los apurones, el cual habilitó a las formaciones especiales (Montoneros. ERP. FAR) para abrir a balazos la cárcel de Devoto, permitiendo la salida indiscriminada de delincuentes de todo tipo son tan solo dos ejemplos, el inicio por así decirlo, de lo que hoy se disfraza de primavera camporista. A decir verdad, fueron 49 días de tempestad social.
A poco de asumir, Cámpora viajó a Madrid para acompañar a Perón en su viaje de regreso al país. En tales circunstancias toda su gestión fue severamente juzgada y despreciada por el general, privándolo de su trato y separándolo del cargo para el cual había sido elegido. También fueron echados de la Plaza los desmesurados que pretendían una patria socialista por la que nadie había votado.
De ahí en más el accionar subversivo, despreciando al pueblo y a la democracia arduamente conquistada, ensangrentaría el gobierno de Perón hasta su muerte y por largo tiempo más, sus asesinatos y su violencia feroz, darían argumentos para acabar con la voluntad popular y dar inicio a otro terrorismo igualmente espantoso: El terrorismo de estado.
Ambos fueron dos horrendas serpientes en la cabeza de una misma medusa, autoritaria, violenta y feroz, que aún pervive, alimentada por un puñado de falsarios y los necios útiles de siempre.
Hasta la fecha, solo fueron juzgados los terroristas de un bando. Es tiempo que los argentinos enfrentemos nuestras lacras, nos pongamos de pie y de cara al futuro resolver de una vez por todas, en paz, en orden y con trabajo, los graves problemas que nos aquejan.
Deber, honor y patria conforman el espíritu social que nos conducirá a un país mejor.

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